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Con dedicatoria

Lunes, julio 5th, 2010

Este promete ser uno de esos posts largos (y esto lo digo antes de empezar a escribir) y que pueden acabar aburriéndoos a todos los que me leais.

Pero este será el primero de esos posts que no va a ser leído antes por nadie en particular. Porque hasta ahora, en las sombras, todos los posts un poquito largos y que pretendían tener algo de sentido fuera de mi cabeza eran publicados después de la aprobación de alguien muy cercano, cuya crítica me anima siempre a redondearlo y pulirlo todo.
Alguien a quien quiero dedicar la entrada de hoy.

Y por ello, todo el contenido aquí escrito no ha pasado por sus ojos todavía. Puede que ni siquiera yo relea mis palabras al terminar el texto. Y si hay errores en lo que he dicho, simplemente lo siento.

Porque siempre, tener a alguien con criterio, con buenas ideas, y con una forma de pensar que pueda comprender la tuya, es algo simplemente maravilloso y afortunado.

Lo prometido. El texto.

Porque cuánta gente hay por el mundo sin criterio, que se junta con más gente sin criterio y acaban siendo tantos que pueda incluso parecer que tienen personalidad. Porque así es, hay gente que sin su ‘pandilla’ no saben qué pueden hacer o qué escoger, porque de su elección depende el que siga siendo aceptada en su grupo de amigos. Menuda amistad, debería decirse. Pero eso es otro tema.

El kernel es el hecho de que la sociedad, en general, anda muy falta de criterio. Nadie vota ya por intenciones políticas, por programas electorales ni por el bien de la sociedad, de ellos mismos. Hoy se vota por el color, por lo bien que habla la persona o por lo bien que a ti, individuo (pero no a todos, sociedad para la que se gobernará) te han besado el culo.

Por supuesto, quedan reductos de gente que no, que a pesar de los esfuerzos de los circundantes por destruír la cultura, todavía se esfuerzan (nos esforzamos, con humildad me incluyo si se me permite) en mantener viva una forma de pensar propia, del individuo.
Porque a mi puede gustarme más una cosa, y a ti otra; y en lugar de persuadirnos para que uno acabe aceptando que una es mejor que otra, después de una amistosa conversación podemos, simplemente, llegar a comprender porqué nos gusta cada cosa, sin intentar cambiar a nadie.

Futuros ingenieros, licenciados, arquitectos, diplomados, y demás graduados de educación superior, cada vez entran en el sistema con peores expectativas, con formas de ser mucho más laxas, mucho menos personales. Soy estudiante de primero de Ingeniería, y no pretendo que la educación superior sea elitista; pretendo que las personas sean cada uno mismo. Y no puedo creerme que pueda haber tanta gente que esté matriculada en carreras por tanto tiempo y que no asistan a mitad de las clases de las asignaturas que se han matriculado. ¡Que son los cursos más baratos de sus vidas por hora!
Por supuesto, depende del plano docente, pero excluyendo este, todavía quedan muchas clases vacías.

Y hay demasiados niños (lo ideal serían 0, por eso 1 ya serían demasiados) que se ven arrastrados al fracaso educativo en los niveles más elementales de esta, en sus pequeñas vidas, por causas no siempre justificadas, y que raras veces tienen que ver con la capacidad de pensar que tenga el chavalín.

Porque la tele es un aparato que emite lo que a unos señores les interesa. Y tienen muy buen criterio… pero no para con las personas que, activa o pasivamente, están siendo educadas por esta; sino para con ellos mismos, con su rendimiento económico. Y por alguna razón, en la sociedad actual, se vende mucho y demasiado bien lo gamberro y gandul.

Cada vez me gusta más apegarme a la gente con aprecio a lo que tiene valor cultural.

Porque cada vez hace más falta tener bien presente lo que es un buen criterio.

Porque cuando me faltan palabras, tú* siempre tienes una forma de describir en la que dibujas con ingenio en las palabras exactamente aquello a lo que me refiero. Me encanta.

Porque hacemos falta muchos, aunque yo… te tengo a ti.

Fallo por reducción al absurdo

Jueves, mayo 13th, 2010

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Visto en la Faciltad de Informática de Coruña

De como la tecnología cambia mi estilo de vida

Lunes, mayo 10th, 2010
¿Te acuerdas de cuando el teléfono solo servía para llamar?

¿De cuando llegó el móvil, y con ello los SMS (y solo los SMS)?

¿Y de cuando no existían los blogs, o de cuando empezaron, y tú no tenías uno, ni te preocupaba que alguien desconocido te visitase en internet?

¿Y del primer móvil con cámara?

¿… Y del primer móvil que hayas tenido?

¿Te acuerdas de lo bien que suena un vinilo?

¿De cuando te pasabas las noches durmiendo en lugar de estar de madrugada programando?

¿Y de cuando ibas de viaje y no te andabas preocupando por qué fotos subirías a tu red social, foro, a DeviantArt o a Flickr?

¿Te acuerdas de cuando, si tenías música en tu ordenador, era porque la habías ripeado del CD?

Claudia Dans dice que no.

Pero yo francamente creo que esto lo dice para dar rotundidad al post.

Yo sí me acuerdo

Mi primer móvil, a su vez mi primer móvil con cámara, un Sony Ericsson T610, con un botón del infierno a la derecha, en un mundo en el que la conexión móvil a internet era algo que solo unos pocos podían permitirse.
Y hoy, con un HTC Legend, táctil, con Android, cuasi-continuamente conectado, cámara con 5 veces más resolución, WiFi…

Una conexión a Infovía, antes de la conexión a Internet: Una red creada solo para España, por Telefónica. A una velocidad de 28800bauds, que posteriormente subieron a 56k. Con un modem del que todavía recuerdo el ruido que emitía.
Hoy en día la velocidad en mi casa multiplica por 200 a esa velocidad original. Y no es solo a España. Es la Internet global.

Mi primer portátil… Hace menos de un año que tengo portátil por primera vez (quitando los VTech de juguete que eventualmente me fueron regalados, y en los que programaba en BASIC antes de los 10 años). Un MacBook Pro. Con Wifi. Con Bluetooth. Tecnologías de conexión sin cables que tienen menos de la mitad de años que yo.

Mi primera cámara de fotos…, no era mía, era de mi padre; pero yo hice un par de fotos de algún carrete. Una Ricoh SLR con un display LCD que mostraba el número de fotos que le quedaban, el nivel de las pilas y la velocidad de obturación. Y nada más. Palabras como HDR todavía no habían sido siquiera acuñadas.

Siempre he tenido algún reloj de pulsera, desde que tengo memoria. Recuerdo que siempre ha sido digital. El único reloj que me sirve y no es analógico es un Lotus de mi comunión. Los demás, Casios digitales a excepción de uno cuya marca no recuerdo y que me rompió.
Pero el reloj que tenía antes recordaba alarmas o números de teléfono. A día de hoy eso poca utilidad tiene, con tan limitado espacio y tan parca interfaz.
Mi reloj actual, un Casio PAW1500-7V tiene brújula, altímetro, barómetro, 5 alarmas, cuenta atrás, cronómetro, sincronización automática de la hora y del horario de verano, retroiluminación automática, carga solar.., vamos, funciones mucho más cómodas.

Cuando antes, para buscar información tenías que esperar a llegar a casa y buscarlo en un tomo, o ya más tarde, en el ordenador; cuando ahora simplemente dices «Espera que me conecto y te lo digo».

Siempre recordaré los vinilos que mi padre ponía los domingos para levantarnos en el equipo de música, ya hace años. Ahora ha perdido un poco esa costumbre. La calidad de su sonido era impecable, incomparable con los algoritmos con pérdida actuales como el MP3.

De lo que no me acuerdo es de no estar programando en algún momento alguna cosa. Eso sí que.. no ha cambiado nunca para mí.

Pero mi vida no ha cambiado tanto. No ha sido una revolución, ha sido evolución.
Sigo desayunando café con cereales. Cuando iba al colegio desayunaba los cereales con Cola-Cao; pero hará ya 6 años al menos que lo he sustituido por café con leche.

Pero ahora escribo en twitter, en el blog (muy de vez en cuando, pero cuando puedo lo hago), en facebook, en Tuenti.
Me he separado de alguna gente de la infancia, por diversos motivos; de alguna gente más de lo que me gustaría; pero he encontrado nuevas amistades aquí.
Compro y regalo cosas que antes deseaba que me regalasen a mi.
Ya no leo noticias en papel. O al menos, casi nunca.
Tengo portátil (esto ha sido un gran cambio).
El correo electrónico por fin tiene un sentido para mi, y me jode que la gente no sepa utilizar las conversaciones hiladas de Gmail.
Montones de cosas han pasado y experiencias se han vivido.

Y lo que queda por hacer.

Soy de la era digital. Y no volvería atrás. Desde luego, quedan muchas cosas por mejorar, y en el pasado nos podemos apoyar. Pero no para rescatarlo, sino para cambiarlo, mejorarlo, actualizarlo, volverlo más mágico de lo que fue.

Y con mi modificación de una frase de Sir Arthur C. Clarke me despido: «Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada será indistinguible de la magia».
Hagamos del futuro algo mágico.

Connection closed.

Once. Doce. Ocho. ॐ

Sábado, diciembre 12th, 2009

Sinceramente, no considero que esta entrada tenga calidad alguna. Pero tenía que escribirlo.

No obstante, hoy me siento en deuda con ॐ.
Así que voy a escribir sobre un viernes. Ayer. No es un viernes cualquiera. Por supuesto, en la vagancia propia de un sábado no se me pasaría por la cabeza escribir sobre un viernes cualquiera.
En cualquier caso, equilibrio del universo debe de ser mantenido y he dicho que escribiría esto, así que so be it.
El hecho es que el día de ayer estuvo marcado, a un nivel protoconsciente, por la aleatoriedad. Es decir, por la voluntad de ॐ.
En realidad, la protoconsciencia de aleatoriedad comenzó el día anterior. El caso es que en la tarde del jueves se me derrumbaba un plan tras otro para la tarde del día siguiente.
Y en la inseguridad, opté por realizar algo que nunca falla y siempre es bueno para mente y cuerpo: dormir.
Gracias a esa siesta de 4h a intermitencias y con probablemente dos o tres fases REM de las que no recuerdo ninguna, pude disfrutar del resto del día (sí, «el resto del día» comienza a eso de las 19.30, ¿qué pasa?).
Es decir, una tarde sin comentarios (conscientes), de aburrimiento en los ratos despiertos y de descanso en los demás.

Después de dejar la maleta preparada para venirme a casa, desde donde escribo ahora, y de cenar, a la Plaza de Pontevedra me marché.
El plan original era reunirme con DV? allí y coger el bus 5. Debido a un pequeño malentendido (sin duda obra de ॐ) y a una diferencia de horarios menor a 2 minutos, perdimos ese bus. Y el siguiente no llegaría a tiempo.
Ergo, cambio de planes (otra vez, y he perdido la cuenta); y nos vamos al Puerto (CC y de ocio).
Resulta que la película que teníamos pensado ver, Planet 51, no comienza hasta las 00.45, y son las 22.29.
Podríamos haber decidido ver Celda 211, pero me habría sentado mal, por haber quedado con Kada-chan horas antes de verla la semana próxima.
Respetando eso, las únicas películas que quedaban como posibles eran Spanish Movie y Paranormal Activity. (También es coincidencia que los títulos de las dos posibles estén en inglés)
Nos decidimos por la segunda, y tras unos 99 minutos que todavía están en proceso de asimilación completa (sin créditos, que solo hay una línea, jaja), DV chequea su timeleft.
¡Y nos da tiempo a ver Planet 51!
Grandísima película. Se merece un post propio. De Paranormal Activity puede que haga otro. Pero esos no corren prisa.
Este es el que equilibrará a ॐ; los otros dos solo crecerán el ego de los implicados y de quienes me la hayais recomendado ver ;)

Días así demuestran la falta de *any*-centrismo. Tal vez fuese un día metálico ?.
Aún así fue un día que si bien a priori parecía descompensado y parcialmente vacío (una-tarde-vacío) ahora lo veo como algo mucho más completo y compensado. De hecho, el haber dormido por la tarde me ha permitido hoy levantarme tras solo 5h de sueño al bus y volver a casa por la mañana.

(any* => puntero a Any, Anakin Skywalker)

Sintetizando una mañana

Lunes, noviembre 30th, 2009

Rayos y truenos cayendo, o tal vez ascendiendo; electrones cargados saltando en el aire, tan dieléctrico como lo es él: frío, aislante y distanciante.
Pero fuerza (negativa) tiene la tierra y los rayos subían mientras yo dormía.
Y, sin saber nada, a eso de las 7.40, con precisión japonesa el ordenador se levanta y como tantos otros días inicia iTunes desde la batería con el conseguido objetivo de despertarme.
Mas cualquier atisbo de rutina con respecto a otra semana cualquiera desaparece en este instante.
Faltaba algo… electricidad.
Lo más lógico con un portátil encendido al lado, para obtener, al menos, suficiente luz, es abrir Firefox en about:blank.
Y, al abrir el agua caliente… fallo paradigmático: agua templada-fría. Durante 10 minutos.
Desisto y me visto, y me voy a desayunar.
Y si mientras en los bloques de habitaciones no había luz (en los 6) en el comedor sí, y al menos se pudo tomar café y demás como si nada hubiese pasado, excluyendo la cara zombie por falta de refresco, ya algo más despierta después de haber ido al frío hasta llegar al comedor.
Y volver a salir fuera, y esperar al autobús. Leyendo entretanto a Mr. Terry Pratchett con su cálida ironía en mis congeladas manos.
Llega el bus, puntual (por ser de gasóleo y no eléctrico, este es uno de esos momentos en los que piensas que la humanidad no está preparada todavía para cambios drásticos y que dependemos demasiado del clima y que las cosas pueden fallar cuando menos te lo esperas); y entonces sube uno al bus para bajar al campus, mientras marco la página de El Color de la Magia con un ticket de compra de un disco de música adquirido en la Fnac. A sabiendas de que acabará siendo un ticket con las letras borradas y un rastro de la fnac.
Más tarde llegamos a la cafetería, zumo de naranja, por favor; exprimido en el momento. Se agradece, pese a estar también frío.
Nada más hasta llegar a clase.
…«y el tipo base del array puede ser cualquiera, incluso otro tipo array» creo haber acabado de escuchar mientras acababa de escribir esto.

Hasta aquí ha sido escrito en clase.


Las razones obvias por las que no he podido publicar esto antes, aunque sea de perogrullo, son que básicamente no hay wifi. Ergo, de conectarme por mi cuenta, hacerlo en una hora en la que aproveche un poco el ancho de banda. Además, he estado toda la tarde fuera (y sin mi portatil-tocho de 17″; y sin mi escrito redactado en clase de aburrimiento).

Son las 23.57 y todavía no hay WiFi. Afortunadamente sí tenemos luz (al menos desde que he vuelto de clase), agua ardiendo y calefacción.
¿Quién va a leer ahora mis Google Reader, las notificaciones de Facebook, los mensajes de DeviantArt, y mis más de 55 emails sin leer? (Era retórico, ¿sabes? Espero que tú no ¬¬)

PD: Que gran final de mes.