Rayos y truenos cayendo, o tal vez ascendiendo; electrones cargados saltando en el aire, tan dieléctrico como lo es él: frío, aislante y distanciante.
Pero fuerza (negativa) tiene la tierra y los rayos subían mientras yo dormía.
Y, sin saber nada, a eso de las 7.40, con precisión japonesa el ordenador se levanta y como tantos otros días inicia iTunes desde la batería con el conseguido objetivo de despertarme.
Mas cualquier atisbo de rutina con respecto a otra semana cualquiera desaparece en este instante.
Faltaba algo… electricidad.
Lo más lógico con un portátil encendido al lado, para obtener, al menos, suficiente luz, es abrir Firefox en about:blank.
Y, al abrir el agua caliente… fallo paradigmático: agua templada-fría. Durante 10 minutos.
Desisto y me visto, y me voy a desayunar.
Y si mientras en los bloques de habitaciones no había luz (en los 6) en el comedor sí, y al menos se pudo tomar café y demás como si nada hubiese pasado, excluyendo la cara zombie por falta de refresco, ya algo más despierta después de haber ido al frío hasta llegar al comedor.
Y volver a salir fuera, y esperar al autobús. Leyendo entretanto a Mr. Terry Pratchett con su cálida ironía en mis congeladas manos.
Llega el bus, puntual (por ser de gasóleo y no eléctrico, este es uno de esos momentos en los que piensas que la humanidad no está preparada todavía para cambios drásticos y que dependemos demasiado del clima y que las cosas pueden fallar cuando menos te lo esperas); y entonces sube uno al bus para bajar al campus, mientras marco la página de El Color de la Magia con un ticket de compra de un disco de música adquirido en la Fnac. A sabiendas de que acabará siendo un ticket con las letras borradas y un rastro de la fnac.
Más tarde llegamos a la cafetería, zumo de naranja, por favor; exprimido en el momento. Se agradece, pese a estar también frío.
Nada más hasta llegar a clase.
…«y el tipo base del array puede ser cualquiera, incluso otro tipo array» creo haber acabado de escuchar mientras acababa de escribir esto.
Hasta aquí ha sido escrito en clase.
Las razones obvias por las que no he podido publicar esto antes, aunque sea de perogrullo, son que básicamente no hay wifi. Ergo, de conectarme por mi cuenta, hacerlo en una hora en la que aproveche un poco el ancho de banda. Además, he estado toda la tarde fuera (y sin mi portatil-tocho de 17″; y sin mi escrito redactado en clase de aburrimiento).
Son las 23.57 y todavía no hay WiFi. Afortunadamente sí tenemos luz (al menos desde que he vuelto de clase), agua ardiendo y calefacción.
¿Quién va a leer ahora mis Google ReaderGoogle Reader
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, y mis más de 55 emails sin leer? (Era retórico, ¿sabes? Espero que tú no ¬¬)
PD: Que gran final de mes.