Este promete ser uno de esos posts largos (y esto lo digo antes de empezar a escribir) y que pueden acabar aburriéndoos a todos los que me leais.
Pero este será el primero de esos posts que no va a ser leído antes por nadie en particular. Porque hasta ahora, en las sombras, todos los posts un poquito largos y que pretendían tener algo de sentido fuera de mi cabeza eran publicados después de la aprobación de alguien muy cercano, cuya crítica me anima siempre a redondearlo y pulirlo todo.
Alguien a quien quiero dedicar la entrada de hoy.
Y por ello, todo el contenido aquí escrito no ha pasado por sus ojos todavía. Puede que ni siquiera yo relea mis palabras al terminar el texto. Y si hay errores en lo que he dicho, simplemente lo siento.
Porque siempre, tener a alguien con criterio, con buenas ideas, y con una forma de pensar que pueda comprender la tuya, es algo simplemente maravilloso y afortunado.
Lo prometido. El texto.
Porque cuánta gente hay por el mundo sin criterio, que se junta con más gente sin criterio y acaban siendo tantos que pueda incluso parecer que tienen personalidad. Porque así es, hay gente que sin su ‘pandilla’ no saben qué pueden hacer o qué escoger, porque de su elección depende el que siga siendo aceptada en su grupo de amigos. Menuda amistad, debería decirse. Pero eso es otro tema.
El kernel es el hecho de que la sociedad, en general, anda muy falta de criterio. Nadie vota ya por intenciones políticas, por programas electorales ni por el bien de la sociedad, de ellos mismos. Hoy se vota por el color, por lo bien que habla la persona o por lo bien que a ti, individuo (pero no a todos, sociedad para la que se gobernará) te han besado el culo.
Por supuesto, quedan reductos de gente que no, que a pesar de los esfuerzos de los circundantes por destruír la cultura, todavía se esfuerzan (nos esforzamos, con humildad me incluyo si se me permite) en mantener viva una forma de pensar propia, del individuo.
Porque a mi puede gustarme más una cosa, y a ti otra; y en lugar de persuadirnos para que uno acabe aceptando que una es mejor que otra, después de una amistosa conversación podemos, simplemente, llegar a comprender porqué nos gusta cada cosa, sin intentar cambiar a nadie.
Futuros ingenieros, licenciados, arquitectos, diplomados, y demás graduados de educación superior, cada vez entran en el sistema con peores expectativas, con formas de ser mucho más laxas, mucho menos personales. Soy estudiante de primero de Ingeniería, y no pretendo que la educación superior sea elitista; pretendo que las personas sean cada uno mismo. Y no puedo creerme que pueda haber tanta gente que esté matriculada en carreras por tanto tiempo y que no asistan a mitad de las clases de las asignaturas que se han matriculado. ¡Que son los cursos más baratos de sus vidas por hora!
Por supuesto, depende del plano docente, pero excluyendo este, todavía quedan muchas clases vacías.
Y hay demasiados niños (lo ideal serían 0, por eso 1 ya serían demasiados) que se ven arrastrados al fracaso educativo en los niveles más elementales de esta, en sus pequeñas vidas, por causas no siempre justificadas, y que raras veces tienen que ver con la capacidad de pensar que tenga el chavalín.
Porque la tele es un aparato que emite lo que a unos señores les interesa. Y tienen muy buen criterio… pero no para con las personas que, activa o pasivamente, están siendo educadas por esta; sino para con ellos mismos, con su rendimiento económico. Y por alguna razón, en la sociedad actual, se vende mucho y demasiado bien lo gamberro y gandul.
Cada vez me gusta más apegarme a la gente con aprecio a lo que tiene valor cultural.
Porque cada vez hace más falta tener bien presente lo que es un buen criterio.
Porque cuando me faltan palabras, tú* siempre tienes una forma de describir en la que dibujas con ingenio en las palabras exactamente aquello a lo que me refiero. Me encanta.
Porque hacemos falta muchos, aunque yo… te tengo a ti.